“De lo profundo, oh Señor, clamo a ti” (Salmo 130:1)
Hay momentos en la vida, cuando desde adentro muy adentro de nuestro ser se escapan gritos de auxilio para atender lo que se ha estado guardando por mucho tiempo , en la oscuridad del alma. Secretos que no se revelan, angustias que no se cuentan, temores que no se comparten y dolores que se soportan. Pasan tiempos y todo aparentemente esta bien. Lo exterior se ve muy bien. No revela ni deja traslucir nada del laberinto interior donde como un torbellino que toma fuerza con el pasar de lo dias; están sucediendo hechos que se han ido acumulando y siguen acumulando cada día situaciones que no queremos que nadie conozca. Contarlas o compartirlas nos llevaría a dos situaciones: a provocar lástima o mostrar debilidades tontas e innecesarias.
Lo profundo, describe el lugar más íntimo, personal, privado donde sólo con nuestro permiso se puede llegar allí. Es un lugar donde muchas veces ni nosotros mismos recordamos que hay allí. Es un lugar de reserva consciente e inconsciente donde se van guardando emociones, historias, fracasos, temores, y sueños que no lograron realizarse. A veces nos sorprendemos a nosotros mismos cuando de vez en cuando sin pensarlo sale de allí algo, que ni recordábamos estaba allí guardado. Somos muy reservados, desconfiados y temerosos que alguien descubra lo que guardamos en ese “ profundo” de nuestro ser. Sin embargo hay momentos en la vida, cuando ya no podemos guardar más. Ese “profundo” se lleno o está por llenarse y de ahí, de muy adentro, sale un grito de ayuda, desesperación y necesidad de auxilio. Al no tener a alguien para compartir esa necesidad do desesperación; tenemos que hacerlo con Jesús. Él, también en una noche no pudo más, y de su” profundo” clamó: “Si es posible pasa de mí está copa” Tenia, seguidores, amigos cercanos y discípulos, quizás su madre; pero sabía que ninguno entendería ese grito. Así que lo hizo con su Padre, a quien conocía y sabía que le podía ayudar.
El Salmista sintió y vivió situaciones parecidas, por eso igual clamó: “De lo profundo, oh Señor, a ti clamó”. Tantas veces en su relación con Dios, había tenido la oportunidad de expresar todos sus sentimientos, dudas, emociones, planes y temores, pero pocas como en esta ocasión necesitaba desahogar ese grito desde lo “profundo”. Estas son de las pocas ocasiones cuando se levantan esos clamores que son Oraciones únicas, súplicas que brotan de una alma en angustia que necesita ser atendida inmediatamente, es un llamado de socorrourgente, es ahora o ahora es hoy u hoy. Y entonces, Él, ve, escucha se detiene y atiende porque sabe que hay una alma que necesita Atencion inmediata.
Y esas Oraciones atendidas a tiempo, se convierten en altares tallados en piedra que nos recuerdan que fuimos atendidos a tiempo, con diligencia y con solución inmediata. Estas son oraciones etiquetadas “Oraciones profundas” donde nada se guarda . No hay vergüenza, temor, o escondite reservado, sino todo expuesto y declarado al Dios de toda misericordia y amor a quien pedimos ayuda desde lo “profundo”.
